[Punto de vista de Emory]—Emory, todavía me siento muy mal. ¿Puedes quedarte conmigo, por favor?Ophelia se aferró a él al salir del altar, su voz era un quejido suave y suplicante.Pero por primera vez, Emory no la atrajo a un abrazo reconfortante.Todo lo que podía ver era la última mirada de Liliana: tan definitiva, tan resuelta.No sabía por qué, pero un dolor sordo comenzó a aflorar en su pecho, era una extraña sensación de pérdida que no podía nombrar.Liliana había sido la joya de la Manada Moon-Glow. Terca y competitiva, sí, pero también sorprendentemente frágil y temerosa al dolor. Sin embargo, después de que su manada cayera, dejó de mostrar ese lado vulnerable, dejó de comportarse como la princesa que era.Pero Emory lo sabía bien. Sabía que aún le tenía miedo al dolor.Recordó la primera vez que la vio.Fue en la cumbre de manadas, hace cinco años.Llevaba un sencillo vestido blanco, pero parecía un ángel. Ese día se había enfrentado a un lobo enorme de otra mana
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