La mañana entró en el ático sin pedir permiso.Emma abrió los ojos con la boca pastosa y una náusea que le subía desde el estómago hasta la garganta. Se incorporó despacio, apoyando una mano en el colchón. El otro lado de la cama estaba vacío, perfectamente tendido, como si Leonardo nunca hubiera estado ahí la noche anterior.Pero ella sabía que sí.Todavía podía recordar el peso de su presencia. El silencio tenso. El hecho de que no se hubiera ido.Se levantó con cuidado y caminó hasta el baño. El reflejo en el espejo le devolvió una versión pálida de sí misma: ojeras marcadas, labios resecos, el vientre apenas redondeado bajo la camisa ancha. Se mojó la cara con agua fría y respiró hondo, intentando dominar el mareo.Cuando salió, el olor a café recién hecho la golpeó como una traición.Leonardo estaba en la cocina, de pie frente a la isla de mármol, con una taza en la mano y el teléfono en la otra. Vestía una camisa negra perfectamente planchada y pantalones oscuros. Como si la noc
Última atualização : 2026-10-08 Ler mais