El timbre del ático sonó a las once de la mañana.Emma estaba en la cocina, terminando de preparar un té de jengibre, cuando escuchó la voz de Gabriel a través del intercomunicador. Había una tensión inusual en su tono.—Señor Alcázar… su madre está aquí.Leonardo, que revisaba unos documentos en la isla, levantó la vista de inmediato. El cambio en su expresión fue casi imperceptible, pero Emma ya sabía leerlo: una rigidez instantánea en la mandíbula, una sombra fría en los ojos.—Deja que suba —ordenó.Emma dejó la taza sobre la encimera.—¿Tu madre?Él no respondió. Solo se abotonó el puño de la camisa y se dirigió hacia la entrada. Emma lo siguió con la mirada, sintiendo cómo el ambiente del ático cambiaba de golpe. Ya no era el espacio que habían empezado a construir juntos. Volvía a ser territorio ajeno.Cuando las puertas del ascensor privado se abrieron, Victoria Alcázar entró como si el lugar le perteneciera.Era alta, delgada, con el pelo plateado perfectamente recogido y un
Última atualização : 2026-10-15 Ler mais