—Señor David.Al ver que David se acercaba a María, Laura aprovechó la oportunidad para sujetarlo del brazo y, fingiendo magnanimidad, dijo:—Creo que la señorita Lucía tampoco lo ha tenido fácil. Será mejor darle otra oportunidad. Yo también estoy dispuesta a aceptar el castigo que imponga Walker Hill.Con esas palabras, Laura no solo había quedado como una persona comprensiva, sino que además había salvado perfectamente las apariencias.David apartó la mirada y, con un gesto de la mano, dijo:—Ya que es así, dejémoslo pasar.Al verlo, uno de los policías intervino:—Entonces nos llevaremos a la detenida.Cuando Diana se dio cuenta de que ella era la única que iba a ser arrestada, su instinto de supervivencia terminó imponiéndose al miedo. Ignorando a los policías que intentaban detenerla, se abalanzó de repente sobre María.—¡Señora María, no quiero ir a prisión! Se lo ruego...Antes de que se acercara, María pareció recibir un empujón y cayó hacia la isla de la cocina.—¡No te acerq
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