Scarlett Valenti.Las puertas del quirófano se cerraron tras de mí con un suspiro hidráulico, y el mundo exterior dejó de existir. Ya no había mafia, ni enemigos, ni traiciones. Solo existía el paciente. Solo existía Andruw. Y mi determinaciones por salvarlo.— ¡Muévanlo a la mesa! — ordené, mientras las enfermeras trasladaban su cuerpo inerte de la camilla a la mesa de operaciones.El aire olía a antiséptico y a sangre. La sangre de Andruw. Estaba por todas partes: en sus ropas, en las sábanas, en las manos de quienes lo habían traído. Era un recordatorio visceral de lo cerca que estaba de la muerte.— ¡Necesito tijeras! — pedí, extendiendo la mano hacia Sánchez.Ella me entregó las tijeras de trauma, y comencé a cortar la ropa de Andruw. La camisa táctica, empapada de sangre, cedió bajo las hojas afiladas. El chaleco antibalas, con los dos impactos visibles, cayó al suelo con un golpe sordo. Luego los pantalones, las botas. Cada prenda que caía revelaba más heridas, más sangre, más
Última atualização : 2026-09-30 Ler mais