Cuando desperté, estaba en la cama de la residencia. Tenía el hombro vendado, con un dolor sordo que latía de fondo.Leo estaba sentado a mi lado, los ojos enrojecidos, el rostro cargado de culpa.—Lo siento. Selena siempre ha sido frágil… todo pasó muy rápido. Pensé que no lo lograría, así que fui primero con ella.Extendió la mano para tocarme el rostro. Me aparté.—Por favor, no te enojes conmigo. Golpéame, grítame… lo que sea. Solo no me ignores.Miré el techo en silencio.“¿Qué había que decir?”, reflexioné.Todo lo que sentía murió en el instante en que corrió hacia Selena.El vacío en mi pecho ya no dolía. Solo estaba ahí… hueco. Como si alguien hubiera arrancado algo, y ahora el viento atravesara ese espacio sin encontrar nada.Al ver que no respondía, Leo empezó a ponerse nervioso. Se inclinó hacia mí.—En tres días es nuestro tercer aniversario. Te llevaré a donde quieras… solo dime el lugar.Guardé silencio un momento.—A los Territorios del Sur.—¿Los Territorios del Sur? —
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