Lo cité en el restaurante donde todo había comenzado.Donde alguna vez creí en nosotros.Deslicé frente a Iván el informe de valoración de su empresa.—Elige.Mi voz fue tranquila… casi suave.—Si firmas el divorcio, podrás quedarte con lo que queda de tu empresa.—Aunque solo sea una fachada… aún podrías levantarte algún día.Hice una breve pausa.—Pero si te niegas… seguiré adelante.Lo miré directo a los ojos.—En tres días… no te quedará absolutamente nada.Se quedó en silencio, observándome con una expresión difícil de descifrar.—Eres cruel… Claudia, realmente lo eres.Apretó la mandíbula.Pero ambos sabíamos la verdad.Yo no amenazaba en vano.Si se resistía… solo prolongaría su caída.Al final… cedió.Con la mano temblorosa, tomó el bolígrafo… y firmó.En ese instante, todo terminó.Pero apenas terminó de firmar el acuerdo…La puerta se abrió de golpe.Victoria entró, con la respiración agitada, los ojos brillando de ambición.Me miró con una sonrisa cargada de arrogancia.—Señ
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