JASONDormí mal esa noche. Sin sueños, pero no dejaba de despertarme, incapaz de sacudirme una inquietud que no sabía nombrar. Di vueltas en la cama, abriendo y cerrando los ojos, y lo que no paraba de cruzarme por la mente era la forma en que Elena me había mirado antes de irse.No era nada propio de ella. En diez años, nunca estuvo tan callada, tan serena. Siempre lloró, gritó, exigió respuestas, aferrándose a mí incluso en sus momentos más desesperados. Hasta en sus peores momentos, siempre hubo algo obstinado ardiendo en sus ojos.Esta vez, no había nada.Ese vacío total me perturbó de formas que no quería analizar.Me senté, frunciendo el ceño, y revisé la hora. Las tres de la mañana. La hacienda estaba en silencio. Me levanté sin pensarlo, ni siquiera registré lo rápido que caminaba, y cuando me di cuenta ya estaba parado frente a su puerta.Me detuve un segundo. Luego la empujé. La puerta no tenía seguro.La luz se encendió y todo quedó expuesto: la cama vacía, el tenue olor met
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