A las tres de la mañana, la luz de la luna se filtraba por las ventanas de la mansión vacía. Andrew estaba arrodillado sobre el frío suelo de mármol, con las manos entrelazadas, de cara a la luna llena.Estaba tan delgado que parecía casi esquelético. Sus rasgos, antes perfectos, estaban ahora aterradoramente demacrados, con pómulos altos y ojos hundidos. Esta era su séptima noche sin dormir.—Diosa de la Luna… —su voz era un susurro ronco—. Sé que he pecado… rompí mi voto… la lastimé…Una lágrima cayó de sus ojos secos, golpeando el suelo frío.—Pero por favor… te lo ruego… tráela de vuelta a mí… pagaré cualquier precio… mi vida, mi alma, lo que sea…El cuerpo de Andrew comenzó a temblar, no por el frío, sino por el vacío que se filtraba desde sus propios huesos. Tras perder a Lucia, sentía que su fuerza vital se agotaba. Su lobo aullaba, rugía, luchaba con desesperación.Los únicos sonidos en la habitación eran sus oraciones entrecortadas y un silencio sofocante. Esta mansión,
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