Cesare por fin se dio cuenta de que estaba en una situación desesperada. Con la pierna derecha lisiada, apenas sobrevivía en las calles.No sentí compasión por su sufrimiento. Él mismo se lo había buscado.Tras perder la protección de la familia, pasaba los días esquivando atentados de sus enemigos. Su mente estaba al borde del colapso.Mientras tanto, expandí los negocios en la zona oeste. Consolidé la red comercial clandestina y aseguré un fuerte respaldo financiero por parte de la familia.Me convertí en la nueva consigliere.Cuando Cesare se enteró de mi ascenso, se arrastró con su cuerpo destrozado a buscarme. Tenía el rostro pálido y caminaba encorvado. Intentó conmoverme suplicando a gritos:—Giulia, me equivoqué. Déjame volver a casa. Bianca me cegó, todo fue mi culpa. No puedo vivir sin ti.Al ver su cara bañada en lágrimas, se me vinieron encima esos diez años. Recordé cómo, sin importar qué tan grave fuera su falta, siempre que me pedía perdón —aunque fuera de dientes
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