«Ring… ring… ring…».Ella contestó al tercer tono.—Maximo. —La voz de Oriana era aterradoramente calmada, desprovista de toda emoción.—¡Oriana! —Maximo rompió en llanto—. ¡Por favor, sálvame! ¡Me equivoqué, me equivoqué tanto! ¡Me desharé de Gia, haré lo que quieras! ¡Por favor, Oriana! ¡No puedo ir a prisión! —Las lágrimas y los mocos corrían por su rostro.Silencio al otro lado. Luego se oyó una risa fría.—No te enfadas con un perro callejero cuando te muerde —dijo, con una voz hueca—. Te enfadas contigo misma por haber confiado en él.—¡Oriana, te amo! ¡Siempre te he amado! —gritó Maximo, histérico.—¿Amor? —Soltó una leve risa—. Solo amabas el poder y el dinero que te di. Y ahora, la Comisión y tus enemigos te cazarán hasta matarte por el crimen de traición.—¡No! ¡Oriana, por favor, no hagas esto!«Click».La línea se cortó.Maximo se quedó mirando el teléfono, mientras su mundo se derrumbaba en una desesperación absoluta.***Tres días después, Maximo consiguió un
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