Nicolás OrtizVerla sonreírle a Valenzuela fue como sentir un disparo a quemarropa en mitad del pecho.Me quedé estático a unos metros de su mesa, con el aire congelado en la garganta y sintiendo que el suelo del piso veinte se abría bajo mis pies. El vestido negro de seda caía por sus curvas con una elegancia tan sofisticada y letal que me costó respirar. Le exponía los hombros, esa piel que yo había reclamado varias veces, y sus labios, pintados de ese maldito labial rojo perfecto, se movían con una naturalidad que a mí me negaba. No me importó el protocolo, ni las miradas curiosas de los comensales, ni que la hostess intentara frenarme balbuceando algo sobre las reservas. Avancé con zancadas destructivas hacia la mesa que estaba justo al lado de la suya.—Nicolás, por Dios, camina más despacio. Me estás dejando en ridículo frente a todos —siseó Sofía detrás de mí, dándole un tirón desesperado a la manga de mi sastre.La ignoré por completo. Me zafé de su agarre con un movimiento bru
Última actualización : 2026-06-19 Leer más