Nicolás OrtizSi alguien me hubiera dicho hace un año que mi rutina de las siete de la mañana pasaría a ser un circuito de paciencia, teteros y dos duendes que me dominaban por completo, me habría reído en su cara.Pero ahí estaba yo. Parado en medio de la cocina, vistiendo mi pantalón de vestir negro, la camisa blanca a medio abrochar y con los pies descalzos. En el brazo izquierdo sostenía a Isaías, que intentaba meterse el puño entero a la boca mientras me miraba con sus enormes ojos oscuros, y en el cochecito doble a mi lado estaba Nicole, agarrada de su sonajero rosa mientras pataleaba con energía.—Tranquilo, campeón, la leche ya casi está —le murmuré a mi hijo en voz baja, comprobando la temperatura del tetero con una gota en el dorso de mi mano.El pequeño soltó un balbuceo ahogado y pegó su cabecita contra mi cuello, dejándome un rastro de baba en la tela fina de la camisa. Ni siquiera me molesté en limpiarme. Hace unos meses me habría cambiado de ropa histérico por una manch
Última actualización : 2026-08-14 Leer más