Nicolás OrtizHabía intentado concentrarme en los expedientes durante la última media hora, pero era completamente imposible. La imagen de Isabel pálida en la ducha, aferrándose al azulejo de mármol con el rostro desencajado por la náusea, me tenía con la mandíbula apretada y una presión pesada en el pecho.Isabel era una mujer fuerte, orgullosa y obstinada hasta decir basta. Odiaba mostrarse vulnerable, y sabía perfectamente que me había dicho que estaba bien solo para evitar que la llevara a un hospital a la fuerza. Pero yo no era idiota. Ayer en la comida familiar con el plato de mariscos, luego el asco al café y ahora esa náusea repentina a mitad del sexo... Nada de eso era normal.Incapaz de seguir revisando un solo contrato más, me puse de pie, me ajusté el saco del traje y salí de mi despacho. Caminé a paso firme por el pasillo del piso ejecutivo, dispuesto a pasar por encima de su terquedad, tomarla de la mano y sacarla de la firma para llevarla directo con mi médico de confia
Última actualización : 2026-08-07 Leer más