Jamás imaginé que fuera capaz de decir algo así.Casi me atraganté con mi propia saliva y me quedé mirando a Renato con incredulidad.¿Hasta dónde podía rebajarse ese hombre?Sin embargo, ni siquiera reparó en mi expresión y siguió hablando por su cuenta.—Se llama Cristina y es mi novia. Es bonita, tiene muy buen cuerpo y, sobre todo, unos pechos que quién sabe cuántos hombres desean.—Pero todos esos tipos son unos muertos de hambre. No se gana nada dejando que se aprovechen de ella. Tú eres diferente. Traes ropa de marca de pies a cabeza. Todo lo que llevas puesto debe costar una fortuna, ¿no?Cuanto más hablaba, más convencido parecía de tener razón.Ni yo mismo sabía cuánto costaba la ropa que llevaba. Daniela había elegido todo para mí, así que seguramente no era barata.Renato debía haberme confundido con un hombre adinerado.Por supuesto, no tenía idea de que, en realidad, yo estaba más pobre que una rata.—Veo que te llevas bien con Cristina. Seguro te interesa, ¿verdad? Haga
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