En ese instante, tanto Renata como yo nos quedamos completamente paralizados, mirándonos fijamente, con la misma expresión de absoluto desconcierto.A Renata incluso se le resbaló la toalla con la que se estaba secando el cabello... y ni cuenta se dio.¿Renata era la hermana de Daniela?Entonces... ¿eso la convertía en mi cuñada?Yo iba a casarme con Daniela... y, justo antes de conocerla, había terminado acostándome con su hermana.Renata no estaba mejor que yo. Le temblaban ligeramente las manos, el rostro se le había puesto pálido y sus labios apenas vibraban.Daniela también notó que algo no cuadraba. Nos miró a los dos, de uno a otro, con el ceño fruncido.—¿Se conocen?—Yo...Apenas abrí la boca, cuando Renata, desde la escalera, se adelantó.La sorpresa en su rostro desapareció y fue sustituida por una sonrisa ligera, casi juguetona.—Sí, nos conocemos.—La verdad, qué coincidencia... nunca imaginé que él sería mi futuro cuñado —dijo, asintiendo con una sonrisa.Luego añadió:
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