La habitación estaba a oscuras. Solo la luz de la luna se filtraba por las rendijas de las cortinas, pintando sombras plateadas en el suelo. Luisa estaba acostada de lado, con la espalda hacia Erick, sintiendo su respiración acompasada detrás de ella. Habían pasado horas desde que apagaron la luz, pero ninguno de los dos dormía. Lo sabía. Lo sentía.El silencio era pesado, cargado de algo que ninguno se atrevía a decir. Luisa escuchaba su propio corazón latir con fuerza, tan fuerte que estaba segura de que él también lo escuchaba.—Luisa —susurró Erick, rompiendo el silencio.Ella sintió un escalofrío recorrerle la espalda.—¿Qué? —respondió, sin girarse.—¿Sabes cómo me mejoro?Luisa frunció el ceño.—No. Dime.Erick se incorporó, apoyándose en un codo. Su voz, cuando habló, era baja, grave, cargada de una intensidad que le erizó la piel.—Hagamos el amor.Luisa se quedó inmóvil. El corazón le dio un vuelco. Pensó que había escuchado mal.—¿Qué? —preguntó, girándose lentamente.Sus m
Última actualización : 2026-05-19 Leer más