Los días siguientes al nacimiento de los gemelos fueron como un sueño del que Luisa no quería despertar. La mansión, que antes había sido un lugar de silencio y soledad, ahora vibraba con el sonido de las risas, los llantos de los bebés y el ajetreo de una familia que finalmente se había unido. Las cortinas estaban abiertas, dejando entrar la luz del sol que parecía más brillante, más cálida, como si el cielo mismo estuviera celebrando la llegada de los pequeños. El aroma a flores frescas, a leche de fórmula y a amor llenaba cada rincón, mezclándose con el eco de las pisadas apresuradas y las voces que se entrecruzaban en un caos feliz.El jardín, que antes era solo un espacio verde y cuidado, se había convertido en el escenario de los momentos más preciosos de la familia. Las rosas blancas que Luisa había cortado el día del parto ahora adornaban la mesa del comedor, y los árboles parecían inclinarse para escuchar las risas de los bebés. El sol de la tarde se filtraba a través de las
Última actualización : 2026-06-30 Leer más