La noche se hizo más oscura, más densa, como si el tiempo quisiera detenerse solo para torturarla. Luisa había caído en un sueño pesado, de esos que no traen descanso, sino más cansancio. Su cuerpo estaba en la cama, pero su mente viajaba muy lejos. Viajaba al pasado. Viajaba al día más oscuro de su vida.En el sueño, todo era blanco. Paredes blancas. Luz blanca. Un silencio absoluto, roto solo por el tic-tac de un reloj que no veía. Luisa caminaba descalza por un pasillo infinito. No sabía adónde iba, pero sus pies la llevaban solos.—¿Mamá? —llamó, con voz de niña.No hubo respuesta.Caminó más rápido. El pasillo se alargaba. Las paredes se acercaban. El techo se hacía más bajo. El aire se volvía pesado, difícil de respirar.—¡Mamá! —gritó otra vez.Y entonces la vio.Al final del pasillo, sentada en una silla blanca, estaba su madre. Vestía un vestido azul, el mismo que usaba los domingos para ir a misa. El cabello recogido, las manos sobre el regazo. Sonreía. Pero era una sonrisa
Última actualización : 2026-05-23 Leer más