Lorcan me cargó hacia el Bosque de la Noche Eterna. Allí no había luz de luna, solo una oscuridad interminable y el peligro de bestias letales. Para un lobo exiliado, este lugar era el infierno. Pero a Lorcan no le importó. Encontró una cueva y me recostó suavemente sobre una losa de piedra lisa. Luego, se sentó a mi lado y simplemente se quedó mirándome, permaneciendo en esa postura un día y una noche.Tras perder a su compañera destinada, su lobo comenzó a colapsar lentamente. Su fuerza se agotaba y su conciencia se desvanecía. Fue entonces cuando comenzaron las alucinaciones. Creyó verme sonriéndole, caminando detrás de él como solía hacerlo y haciéndole compañía en silencio.—Velda.Extendió la mano e intentó tocar la ilusión, solo para no atrapar nada. Entonces, soltó una risa que sonaba más amarga que cualquier llanto.—¿Lo ves? Este es mi castigo. Te perdí y, ahora, nunca podré recuperarte.***De vuelta en la manada, Arwen y Maverick construyeron una tumba vacía para mí e
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