—¡No!Aurora cayó del balcón.Y junto a la baranda, de espaldas, se veía a un hombre arrodillado.—¡El asesino! ¡Apareció el asesino! ¡Ella también estaba ahí!—¡Seguro que lo conoce! ¡Quién sabe si no estaban metidos en esto juntos!—¡Es peor que una bestia! La familia Castro la ayudó durante tantos años, ¿y así les paga?En un instante, las voces estallaron por todas partes.Entre la multitud, Ana vio al asesino con sus propios ojos y estuvo a punto de desmayarse de la impresión.—Tú lo viste… Entonces, ¿por qué no dijiste nada?Al pie del edificio, un cuerpo destrozado yacía en medio de la calle. En el abdomen todavía se alcanzaba a distinguir, borrosamente, la forma de un bebé.Detrás de la cinta policial, Daniel contemplaba la escena con la mirada vacía. Poco a poco, los ojos se le fueron enrojeciendo en silencio.Yo estaba sentada en el suelo, junto a sus pies, llorando mientras me daban arcadas.Ana llegó en cuanto se enteró de la noticia y, entre gritos, intentó cruzar la cinta
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