DiegoMi mano se posa sobre la manta, en el lugar de su muslo. No tiembla. Es de piedra.— La tormenta, eres tú.— También soy la calma después. Déjame mostrártelo.Me inclino y, antes de que pueda protestar, la beso. No como la noche anterior. Suavemente. Persuasión, no conquista. Mi boca roza la suya, invita. Ella mantiene los labios cerrados, inmóvil. No insisto. Me conformo con ese contacto, dejando que mi mano suba a lo largo de su brazo bajo la manta.— Debes tener dolor, murmuro contra sus labios. Un baño caliente te hará bien.Se deja hacer cuando la levanto, envuelta en la sábana, y la llevo hasta el baño inmenso. La deposito delicadamente sobre el banco de mármol, hago correr el agua en la bañera, añado sales con fragancia de lavanda y árnica. El aire se carga de un vapor apaciguador.Luego, lentamente, deshago la sábana que la envuelve.Ella cierra los ojos, girando la cabeza. Su pudor es conmovedor. Inútil, pero conmovedor. La contemplo, realmente, a la luz del día que aho
Last Updated : 2026-09-13 Read more