CALDERMientras Lucian se sumergía en esas sesiones de estrategia de las que casi no hablaba y Aiden enterraba su culpa bajo montañas de papeleo, yo hice lo contrario.Me entregué por completo a todo aquello que me impedía pensar con claridad.Carreras y peleas.El rugido de los motores, la contundencia de un puñetazo, el quemado de la goma en el asfalto, la adrenalina que lo eclipsaba todo: esa era mi vía de escape. Dejé los asuntos empresariales a mis jefes, quienes seguían informándome semanalmente con puntualidad. Números, acuerdos, ganancias… nada importaba mientras Janice siguiera atrapada en la mansión de ese desgraciado.Cuando no estaba haciendo eso, dedicaba cada momento libre a buscar maneras de recuperarla. Había pasadizos secretos. Sobornos. Hackear sistemas de seguridad. Cada pista resultaba ser un callejón sin salida. Cada plan se desmoronaba ante el poderío de Alexander Kane y, para ser sincero, me estaba volviendo loco. Me volvía más irracional de lo normal. No había
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