Vanessa se incorporó un poco sobre la cama, cubriéndose con la sábana y observando el cambio brusco en el rostro de Hernán. Hacía unos segundos él dominaba la habitación con una seguridad casi arrogante. Ahora, en cambio, su mandíbula estaba rígida, los ojos fríos y la boca apretada como si ese nombre en la pantalla hubiera interrumpido algo más que una noche de sexo. —¿Quién es? —preguntó ella, con la voz apagada. —Nadie —cortó él. Pero el teléfono volvió a sonar. Hernán contestó con fastidio, caminando hacia el ventanal para alejarse de la cama. —¿Qué querés? Del otro lado de la línea no hubo saludo. Solo una respiración rota, un sollozo ahogado que delataba un colapso absoluto. —Me arruinaste la vida, desgraciado —susurró Sonia. Hernán cerró los ojos, profundamente irritado por el drama. —No estoy para tus escenas, Sonia. Ya te lo dejé claro. —Me echaste de la empresa —dijo ella, y su voz temblaba tanto que Hernán tuvo que alejar un milímetro el teléfono—. Na
Terakhir Diperbarui : 2026-05-18 Baca selengkapnya