Eva llegó a su casa con el cuerpo todavía tenso. Los niños habían subido a sus dormitorios después de cenar poco y hablar menos. María se había quedado más pegada a ella de lo normal, buscando su mano cada vez que se cruzaban, como si todavía temiera que su padre apareciera para llevársela. Lucas, en cambio, casi no habló. Cuando llegó a su dormitorio, dejó la mochila en la silla de siempre y le preguntó si podía acostarse temprano, con una seriedad que no correspondía a sus nueve años y que últimamente aparecía demasiado seguido en su rostro. Eva no insistió esa noche. Sabía que a veces los niños no necesitaban preguntas, sino tener a alguien cerca sin sentirse obligados a explicar lo que todavía no podían poner en palabras. Un lugar donde pudieran respirar sin creer que debían elegir entre su padre y su madre. Cuando por fin la casa quedó tranquila, bajó a la cocina y empezó a limpiar aunque no hiciera falta. Todo estaba en orden, pero pasó un paño por la mesada, guardó una taza,
Última atualização : 2026-06-14 Ler mais