Alfonso entró a la sala de partos como un torbellino, el corazón le latía desbocado en la garganta. El aire estaba cargado de un poder extraño, denso, que le erizaba la piel. Lila estaba sentada en la camilla, inmóvil, con los puños apretados contra la sabana y el rostro bañado en sudor. Una energía brillante emanaba de su cuerpo, como una luz que vibraba desde dentro de su vientre.—Lila, mi amor… —susurró él, acercándose con cautela.Apenas rozó su hombro, sintió la fuerza que ella desprendía. Era como tocar una tormenta contenida. Lila parecía perdida en un trance profundo, tenía los ojos entrecerrados y la respiración agitada. Pero en el instante en que los últimos lobos errantes fueron expulsados del hospital, esa energía se disipó de golpe.Las contracciones regresaron con toda su crudeza.Lila arqueó la espalda y gritó, un sonido gutural que le rompió el alma a Alfonso.—¡Lila! —Elena se levantó de inmediato y corrió a su lado—. ¡Lila, estoy aquí! Respira, empuja.Alfonso sal
Dernière mise à jour : 2026-06-27 Read More