El amanecer no trajo paz para Alan. Mientras en la mansión el sol iluminaba el inicio de un idilio, en el pequeño y austero departamento del secretario, la luz del día solo servía para desnudar su miseria. Alan caminaba de un lado a otro en el reducido espacio de su sala, con la corbata desanudada y la camisa arrugada. El recuerdo de Bianca bailando bajo la luna, entregada a los brazos de Alessandro, le taladraba la mente. Sentía una opresión asfixiante en el pecho. Lloraba de rabia, de impotencia y, sobre todo, de un profundo complejo de inferioridad que lo estaba carcomiendo vivo. Odiaba con toda su alma no tener nada material que ofrecerle a una mujer como ella; odiaba su sueldo de empleado, su departamento de clase media y su vida ordinaria, mientras Alessandro Riva lo tenía todo: el dinero, el estatus, el poder para comprar caprichos y, ahora, el amor de la única mujer que a él lo había desvelado. El sonido agudo de una notificación rompió el silencio. Alan se abalanzó sobre s
Last Updated : 2026-05-29 Read more