Valentina se detuvo, levantando la cabeza lentamente. Sus ojos avellana estaban vidriosos, fijos en él con una expresión flotante. Los analgésicos fuertes que le habían suministrado todavía estaban circulando por su sistema, eliminando cualquier rastro de su habitual hostilidad profesional y reemplazándola por una dulzura atontada que Aleksei nunca había visto en ella. En lugar de responder con un ataque o con una cláusula del contrato, Valentina esbozó una sonrisa tierna, casi infantil, que desarmó por completo al magnate. —Hola, Alek... —susurró ella, su voz arrastrando las palabras con una suavidad embriagadora—. Estás muy guapo cuando te enojas. Pareces un ogro grande... un ogro ruso con ojos de cielo.
Última actualización : 2026-06-03 Leer más