Adrian finalmente encontró a Elena en un pequeño café de esquina en Boston.La nieve caía del otro lado de las ventanas.A través del cristal la vio sentada junto a Sophia, usando un abrigo color camel. Llevaba el cabello recogido de forma descuidada y una taza de chocolate caliente descansaba frente a ella.Y estaba riendo.No con aquella sonrisa cuidadosa que solía usar mientras vigilaba el humor de Adrian.No.Era una risa ligera. Natural. Brillante.Como alguien que por fin había dejado de caminar sobre vidrio roto.Adrian abrió la puerta apresuradamente.—Elena.Ella levantó la mirada.La sonrisa desapareció un poco, pero no hubo miedo ni nerviosismo en su expresión.—Señor Vale.Sophia se puso de pie de inmediato, lista para echarlo del lugar, pero Elena tocó suavemente su mano.—Está bien. Cinco minutos.Adrian tomó asiento frente a ella.Había ensayado disculpas.Explicaciones.Promesas.Pero ahora, teniéndola delante, todas las palabras le parecían miserables.
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