Aquel día, la frontera norte fue azotada por una ventisca que solo ocurre una vez cada siglo, con vientos que cortaban como cuchillas.El aire helado golpeaba la nieve contra su cuerpo, cubriéndole el cabello y los hombros con capas densas de escarcha.El antiguo y temido Rey Lobo, que siempre había estado por encima de todos, ahora parecía un lobo solitario perdido en medio del invierno: desgastado, vacío, sin la menor sombra de su antigua presencia dominante.Cuando los sirvientes me trajeron la noticia, no sentí nada.Solo me pareció absurdo.Habían pasado apenas unos meses, separados por unas cuantas fronteras.El hombre que antes me miraba con evidente desprecio, que encontraba insoportable incluso mi presencia, y que había pisoteado mis sentimientos sin el menor remordimiento… ahora se había humillado por completo.Tres días y tres noches de rodillas en ese frío brutal, solo para verme.Ordené enviar un mensaje fuera de las murallas, con un tono frío y definitivo:—He formado un
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