La llamada era de Ricardo Castillo.Era el cliente más importante de Grupo Contreras en Puerto Azul; el volumen de negocios que manejaba representaba el ochenta por ciento de la empresa.Al mismo tiempo, de todas las compañías con las que colaboraba Nayara, era la más fácil de tratar.Cuando ella acababa de llegar a Puerto Azul, no tenía experiencia ni reputación, y había recibido incontables desplantes.En el momento en que más difícil le resultaba abrirse camino, Ricardo le tendió la mano. También fue gracias a su inversión que, poco a poco, otras personas empezaron a colaborar con Nayara.Además, durante todo el proceso de cooperación, Ricardo nunca regateó ni alargó las negociaciones. Siempre fue directo y sincero.Podía decirse que él había sido su benefactor, y lo había sido durante todos esos años.Nayara ajustó rápidamente sus emociones y contestó la llamada:—Ricardo, buenos días.—Buenos días, señorita Nayara.Ricardo siempre la llamaba así, con cortesía y humildad, sin mos
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