A miles de kilómetros del paisaje nevado de Noruega, el sol abrasador del desierto caía sobre el majestuoso palacio de Dubái. Sin embargo, dentro de los ostentosos pasillos de oro y mármol, solo reinaba un silencio sepulcral, helado y desolador.Zyad, el Jeque, permanecía sentado en el borde de su trono. Había perdido la compostura, el porte y la mirada dominante. A su alrededor solo había ruinas emocionales.La culpa lo devoraba vivo, convirtiéndose en un monstruo implacable que le carcomía las entrañas segundo a segundo. En su mente se repetían, como una pesadilla eterna, tres tragedias que le habían arrancado el alma: la muerte de su amada madre, la vil traición de su hermano Farih junto a Amira —quienes no solo lo engañaron sino que planearon su ejecución—, y la puñalada final de Delfina, la mujer por la que empezaba a sentir algo real y que terminó manipulándolo de la forma más perversa imaginable.Pero el golpe que le había quebrado la espina dorsal para siempre era el más cruen
Última actualización : 2026-08-13 Leer más