El comedor de la mansión Petrov estaba bañado por una luz fría que hacía brillar la platería. Anastasia entró sosteniendo la bandeja con una estabilidad que desafiaba el temblor interno de sus manos. Se acercó a la cabecera, donde Damián leía unos informes, y con movimientos lentos y precisos, colocó el plato frente a él.Damián no la miró de inmediato. Cortó un trozo de los huevos benedictinos y lo llevó a su boca con indiferencia. Sin embargo, en cuanto el sabor golpeó su paladar, sus ojos grises se fijaron en el plato. El sazón era profundo, equilibrado, muy superior al que cualquier chef de la mansión hubiera logrado jamás. Anastasia tenía un don natural, una herencia de las cocinas sicilianas que Damián no esperaba.Por un segundo, la sorpresa cruzó su rostro, pero su orgullo fue más fuerte. No le daría el placer de un cumplido.—Siéntate —ordenó él con voz ronca, sin dejar de comer—. Coni, sírvele lo mismo.Anastasia obedeció en silencio. Se sentó con una rigidez que le provocab
Última actualización : 2026-06-07 Leer más