La habitación de hospital quedó sumida en un silencio denso y pesado, casi táctil, roto únicamente por el rítmico y constante pitido del monitor cardíaco que custodiaba el descanso de la pequeña sobre la cama clínica. Leila sintió cómo el calor de una rabia contenida le subía por el cuello como una marea caliente, quemándole la piel y acelerando los latidos de su pulso. Sus ojos, fijos, desorbitados y sin pestañear un solo segundo, clavaban una mirada de absoluto y puro desprecio en el rostro de Mike.Las palabras de su exmarido, cargadas de esa venenosidad acostumbrada y de una soberbia que rozaba lo patológico, ya no tenían el poder de acobardarla ni de hacerla retroceder. Ahora solo provocaban en ella una repulsión profunda, un asco visceral y el deseo irrefrenable de defender la única verdad que le quedaba en medio de tanta ruina.—Mike, te equivocas... Chris no es como tú y nunca lo será —declaró Leila con una voz firme, serena, grave y rotunda, que retumbó contra los azulejos
Last Updated : 2026-08-09 Read more