Mercedes agitó la mano de inmediato.—No, no. Solo preguntaba.Mateo, que escuchaba a un lado, estaba completamente confundido.—¿Qué documentos? ¿Qué matrimonio? Mamá, ¿de qué están hablando?Mercedes temió que dijera algo indebido, así que se apresuró a tomarlo de la mano y lo jaló hacia las escaleras.—¿Para qué preguntas tanto? ¿Cómo ensuciaste así el uniforme? Sube a cambiarte ya.—Mamá, no me jales...Mateo fue arrastrado al segundo piso de mala gana.Patricia, al verlo, también se puso de pie.—Yo también iré a recoger mis cosas.Cuando pasó junto a César, él le sujetó suavemente la muñeca.—Tómate tu tiempo. No hay prisa.Patricia asintió.Cuando los tres subieron, en la sala solo quedaron César y Adrián.César tomó de nuevo la taza y bebió un sorbo con calma.El aroma del café era limpio y fresco. Bajó la mirada hacia el líquido que se movía dentro de la taza y permaneció un largo rato sin decir palabra.Adrián, en cambio, no podía quedarse quieto. Se humedeció los labios se
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