Razar estaba bajo mis garras, derrotado ante los lobos, los rebeldes y los dragones que habían cruzado con él, pero todavía no estaba destruido.Lo sentí en su mirada.Incluso tendido sobre la tierra de Etheria, con la sangre marcándole el rostro y la autoridad rota frente a todos, seguía buscando una salida, una palabra, un gesto, cualquier grieta desde la cual reconstruir el derecho con el que había intentado reclamarme a mí y a mis hijos.Los reyes como él no se rendían solo por perder una batalla, sino que cambiaban de máscara, esperaban el momento adecuado y volvían a llamar tradición a las cadenas.Por eso comprendí, con una calma que no me pertenecía únicamente a mí, que dejarlo vivo era permitir que la amenaza respirara otra vez sobre Alessia y Cassian.Ciri lo entendió al mismo tiempo que yo y, aunque no habló porque no hacía falta, Razar intentó sonreír.—Si me matas, los dragones no olvidarán.—No necesito que olviden —respondí, manteniéndolo contra el suelo—. Necesito que
Última actualización : 2026-08-31 Leer más