A las seis y treinta, la llave seguía en mi bolsillo.No había ido a la habitación C-2.17. No había subido a la segunda planta del edificio C ni probado la cerradura para comprobar si el espacio existía de verdad. No estaba lista para entrar. A veces aceptar una puerta era más difícil que aceptar una salida, porque la salida solo exigía valor para irse; una puerta propia exigía imaginar que podía quedarme.Me cambié en las barracas Omega con el uniforme formal de registro: falda negra, blusa blanca, chaqueta gris con el emblema pequeño del despacho norte sobre el bolsillo izquierdo. No era ropa de servicio, pero tampoco de invitada. Era exactamente lo que Blackthorn esperaba de mí esa noche: lo bastante visible para que todos recordaran mi nombre, lo bastante funcional para que nadie olvidara mi rango.La fotografía de Elena quedó bajo la ropa, pegada al costado izquierdo de mi pecho. El símbolo del almacén B, doblado en cuatro, permaneció en el bolsillo interior. La llave, en el derec
Última actualización : 2026-08-15 Leer más