Sierra quiso irse después de decirlo.Lo vi en la forma en que tomó la carpeta, en cómo volvió a colocar cada hoja con una precisión demasiado cuidadosa y en el segundo exacto en que evitó mirarme.Antes, la habría dejado.No por orgullo. Porque trabajar con Sierra Vane era como sostener vidrio roto: uno podía hacerlo, pero no debía sorprenderse al terminar sangrando.—Necesitamos la entrada —dije.Se detuvo frente a la puerta.—Eso no significa que quiera seguir ayudándote.—Tampoco significa que te lo esté pidiendo por simpatía.Petra sonrió desde la cama.—Ah. Ya se están entendiendo.Sierra se volvió.—No somos amigas.—Gracias a la Luna —dije—. El sentimiento sobrevive.La comisura de su boca se movió apenas, una grieta mínima en la perfección que Sierra llevaba como armadura.Luego dejó la carpeta otra vez sobre el escritorio.—Hay dos accesos de servicio bajo el ala médica antigua. Uno fue sellado cuando yo era niña. El otro aparece todavía en los planos Vane, pero no en los de
Última actualización : 2026-08-16 Leer más