Pero tenía miedo de que me despreciaran. Giré la cabeza, sin atreverme a mirar a mi tía. En voz baja dije:—Ella fue la que me sedujo.Al escuchar esas palabras, Roxana se quedó paralizada, mirándome con los ojos abiertos de par en par.—¡Hugo! ¿Qué estás diciendo? Fuiste tú quien me sedujo primero.Se abalanzó hacia mí intentando agarrarme, pero Genaro la detuvo de un jalón.—Maldita zorra, ¿todavía quieres pegarle? ¡Ya me tienes harto!Levantó la mano y le dio una cachetada, tirándola al suelo. Cayó con los ojos rojos de tanto llorar, mirándonos con rencor.Mi mamá, furiosa, le dio una patada.—Mi hijo apenas está en la universidad, ¿cómo puedes ser tan desgraciada? ¿Ni siquiera te aguantas con alguien tan joven?—¡Vete al diablo, eres una cualquiera!Todos empezaron a insultarla, uno tras otro. Yo mantuve la cabeza girada hacia un lado, sin atreverme a ver esa escena. Pronto, Genaro los detuvo, diciendo:—Ya, ya, hermano, cuñada.—Ya no quiero a esta mujer, mejor me voy a divorciar.
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