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Azafata para Volar en Casa
Azafata para Volar en Casa
Auteur: Mangonel

Capítulo 1

Auteur: Mangonel
Me llamo Hugo Lozano. Estudio en la universidad y vivo aquí cerca, en casa de mi tío, Genaro.

Desde que nací he tenido bastante vello en el cuerpo. Estoy joven y estoy en esa edad donde la sangre me hierve, donde las ganas de estar con una mujer son cada vez más intensas.

Todas las noches busco alguna película para adultos y en secreto uso las medias de mi tía, Roxana, para desahogarme, luego las devuelvo a la lavadora.

Ella trabaja como azafata. Cuando llega a casa, lo primero que hace es quitarse las medias.

Tiene una cara preciosa, su piel es blanca y suave, pero lo que más me llama la atención son sus melones. Ni siquiera el uniforme de azafata puede contenerlos, parece que los botones van a reventar en cualquier momento.

Con solo imaginar su cuerpo, es suficiente para que me venga. Y ella también parece estar muy necesitada. Cada noche le ruega a Genaro que la complazca. Me pongo contra la pared a escuchar los gemidos de placer de mi tía, pero tristemente solo duran unos segundos antes de que Genaro termine.

Esta noche le robé un par de medias grises. Todavía tenían el sudor de todo el día de trabajo.

Respiré profundo.

¡Ese aroma me enloquecía!

No aguanté más y me metí bajo las cobijas. En mi celular busqué el video que más me gusta de mi actriz favorita. Puse las medias entre mis piernas para sentir la fricción y el placer extra.

Pero justo en ese momento, mi tía abrió de golpe la puerta de mi cuarto.

Llevaba puesta lencería de encaje sensual, con muy poca tela. Se veía que se estaba agarrando ahí abajo a través de la ropa, y sus nenas parecían a punto de salirse.

¡Esto sí que estaba mal! ¿Será que se dio cuenta de que le robé las medias? Cerré rápido el celular y escondí las medias debajo de mi cuerpo.

Pero ella tenía la cara roja y una actitud desesperada:

—Hugo, consígueme unos videos buenos, que ya traigo muchísimas ganas, no aguanto.

Me quedé sorprendido:

—¿Pero no está mi tío? ¿Por qué necesitas ver eso?

Ella mostró enfado y dijo:

—No me hables de ese inútil de tu tío. Cada vez que lo hacemos, solo aguanta dos segundos y ya no puede más. No logra satisfacerme. Ya vi tu celular y sé que te la pasas viendo. Ándale, búscame unos videos de los buenos, yo me las arreglo sola.

Por lo visto estaba realmente desesperada. Sentí una emoción recorrerme el cuerpo. Si pudiera ayudarla...

—Está bien, pásame tu celular y te lo pongo.

Se inclinó y me entregó su celular. Sus pechotes casi me tocaban la cara. Nunca los había visto tan de cerca, blancos, redondos y firmes. No pude evitar tragar saliva. El deseo me quemaba y mi garrote se puso más duro que nunca.

Las cobijas se levantaron como si fuera una carpa. Miró el bulto que seguía creciendo bajo las cobijas con sorpresa. Entonces lo tocó con su mano.

—¿Qué es esa cosa tan grande que tienes ahí escondida? Déjame ver.

Cuando me tocó así, mi cuerpo entero se estremeció como si me hubiera dado un toque eléctrico. Esa sensación era mucho más intensa que cuando me tocaba yo mismo.

—Mmm... ah… —No pude evitar dejar escapar un gemido.

Entendió lo que era y su cara se puso completamente roja. Dijo emocionada:

—Vaya, no pensé que lo tendrías tan grande.

Me sentí aún más excitado. Quería tumbarla en la cama ahí mismo y darle sin parar.

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    Pero tenía miedo de que me despreciaran. Giré la cabeza, sin atreverme a mirar a mi tía. En voz baja dije:—Ella fue la que me sedujo.Al escuchar esas palabras, Roxana se quedó paralizada, mirándome con los ojos abiertos de par en par.—¡Hugo! ¿Qué estás diciendo? Fuiste tú quien me sedujo primero.Se abalanzó hacia mí intentando agarrarme, pero Genaro la detuvo de un jalón.—Maldita zorra, ¿todavía quieres pegarle? ¡Ya me tienes harto!Levantó la mano y le dio una cachetada, tirándola al suelo. Cayó con los ojos rojos de tanto llorar, mirándonos con rencor.Mi mamá, furiosa, le dio una patada.—Mi hijo apenas está en la universidad, ¿cómo puedes ser tan desgraciada? ¿Ni siquiera te aguantas con alguien tan joven?—¡Vete al diablo, eres una cualquiera!Todos empezaron a insultarla, uno tras otro. Yo mantuve la cabeza girada hacia un lado, sin atreverme a ver esa escena. Pronto, Genaro los detuvo, diciendo:—Ya, ya, hermano, cuñada.—Ya no quiero a esta mujer, mejor me voy a divorciar.

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  • Azafata para Volar en Casa   Capítulo 2

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