El tercer vaso de mezcal añejo logró lo que las palabras no habían podido: asentar una tregua temporal en el reservado del Purgatorio. La risa genuina de Elena había actuado como un bálsamo inesperado, fracturando la coraza de Dimitrios Korpis y permitiendo que la dinámica en la habitación fluyera con una normalidad casi desconcertante. Por unos minutos, dejaron de ser el magnate implacable, la curadora rebelde, el abogado calculador y el barman de barrio. Eran, simplemente, cuatro personas compartiendo alcohol en la penumbra de la noche neoyorquina.Sin embargo, el instinto territorial masculino es una bestia que nunca duerme por completo, y el alcohol, lejos de adormecerlo, suele quitarle la correa.A medida que la plática avanzaba, Javi comenzó a acortar la distancia física con Elena de manera natural. Conocía a la curadora desde la adolescencia, conocían sus ritmos y, sobre todo, compartían la confianza reciente, cruda y sudorosa de haberse acostado apenas veinticua
Última actualización : 2026-08-09 Leer más