NARRADO POR BIANCA SERNANo lloré hasta que estuvimos otra vez en el auto, alejándonos de la comisaría. No fue un llanto ruidoso, ni siquiera dramático. Fueron solo lágrimas silenciosas que empezaron a caer sin ningún permiso mío, mientras miraba las calles pasar por la ventana, sintiendo cómo semanas enteras de tensión acumulada finalmente encontraban una salida.Ezra no dijo nada, solo extendió la mano desde la palanca de cambios, buscando la mía, y la sostuvo con firmeza durante todo el trayecto, dejando que llorara sin necesidad de explicar por qué.Llegamos al penthouse ya entrada la noche, y en cuanto cerró la puerta detrás de nosotros, sentí que las piernas me pesaban de una forma que no reconocía como cansancio físico, sino como algo mucho más profundo, la descarga completa de un cuerpo que llevaba meses sosteniendo una alerta constante, sin permitirse jamás bajar completamente la guardia.—Ven acá —dijo Ezra, sentándose en el sofá y abriendo los brazos, sin ningún otro gesto,
Última actualización : 2026-09-01 Leer más