En ese momento, Bruno le mandó un mensaje."Avísame cuando despiertes. Te llevo el desayuno."Elisa respondió: "Ya desperté."Dos minutos después, sonó el timbre, Elisa fue a abrir.Bruno, con ropa de casa blanca y el rostro sereno, estaba parado en la puerta.Elisa lo dejó entrar.Él puso el desayuno sobre la mesa y le preguntó:—¿Dormiste bien anoche?Elisa asintió.—Más o menos.No tenía mucho apetito y, además, las encías le dolían bastante, así que solo tomó unos sorbos de gachas y dejó de comer.Luego le preguntó a Bruno:—¿Héctor se comunicó contigo? Si quiero demandar a Leonor, ¿qué posibilidades tengo de ganar?Bruno, recordando lo que Héctor le había dicho la noche anterior, respondió con tono neutro:—Tiene la certeza de ganar el caso.Elisa sonrió.—Qué bien. Cuando ganemos el juicio, voy a invitar a cenar a Héctor.Al hablar, sin querer movió la herida y las encías empezaron a dolerle otra vez.Al verla fruncir el ceño, Bruno suspiró y, de repente, extendió la mano y le ac
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