El sábado a las dos en punto, un todoterreno verde militar, ajeno al lujo de los deportivos de la compañía, se estacionó junto a la acera polvorienta del parque del sector oeste. Alexander bajó del vehículo vistiendo sencillos vaqueros y una cazadora de piel envejecida, completamente despojado de la opulencia corporativa que lo definía, aunque la rigidez de sus hombros delataba una tensión impropia de él. Estaba acostumbrado a liderar juntas directivas hostiles y desmantelar maniobras financieras con frialdad, pero cruzar el sendero de tierra hacia aquel banco de plaza lo tenía al borde del vértigo.A pocos metros, Emma vigilaba desde la sombra de un olmo, con las manos apretadas dentro de los bolsillos de su abrigo.Leo pateaba una vieja pelota desinflada que rodó torpemente por el césped seco hasta chocar contra la bota de cuero de Alexander. El niño se detuvo de golpe, con las manos aferradas a los tirantes de su suéter, mirando al extraño con la cautela instintiva de sus cuatro año
Last Updated : 2026-06-27 Read more