FRANCENEA la mañana siguiente, las cosas no habían cambiado. Matias y yo nos sentamos juntos en la mesa del desayuno, pero ninguno de los dos habló. El silencio era tan inusual que noté cómo el personal de la casa intercambiaba miradas confundidas mientras nos servía. Normalmente, Matias y yo hablábamos mientras desayunábamos. A veces conversábamos sobre nuestros planes para el día, otras veces sobre el trabajo, y en ocasiones simplemente teníamos conversaciones sin sentido. Pero aquella mañana, apenas nos mirábamos. Una vez terminado el desayuno, salimos de la casa. Aunque no nos hablábamos, ya conocíamos de memoria nuestra rutina habitual de las mañanas. No era necesario que
Última atualização : 2026-10-06 Ler mais