Cuando intensifiqué el movimiento, mirándolo directamente a los ojos, Davi cerró los ojos, se mordió los labios y sujetó mi cabeza con fuerza, empezando a follar mi boca sin control. Sentí su miembro palpitar dentro de mi boca — uno, dos, tres, cuatro chorros calientes — y lo tragué todo. Gimió bajito, y yo me acomodé, recomponiéndome como si nada hubiera pasado. —Te has tragado a nuestros hijos — provocó, riendo. —Estás muy gracioso, ¿eh? — repliqué, dándole una palmada en el pecho. —Amor, ve preparándote, porque voy a aprovechar cada segundo para follarte. —Baja ese fuego — bromeé, pero sentí un escalofrío de deseo. —Espero que puedas con este fuego — respondió, con una sonrisa pícara. —Ay, Dios mío — reí, recostándome sobre su hombro. Me quedé pegadita a él, con los dedos entrelazados, cuando las cortinas se abrieron de golpe. —¿Por qué esas cortinas? — preguntó Fernanda, con la cara más inocente del mundo. —Para evitar intrusos como tú — respondió Davi, con ironía. —Sin g
Última actualización : 2026-09-05 Leer más