Le pregunté, claramente preocupada:—¿Te pasa algo? Ayer te vi montar a caballo. ¿Fue por eso?Al notar mi inquietud, se quedó mirándome un instante con sorpresa. Luego sonrió y negó con la cabeza.—No, no es nada.A partir de entonces, pasé todos los días acompañando a Enzo. Claro que, aunque toda mi atención estaba puesta en él, no me había olvidado de Lorenzo.Durante ese tiempo, me encargué de hacer correr el rumor de que tenía una amante. En poco tiempo, la noticia se extendió por toda la ciudad.Las mujeres de la alta sociedad miraban con desprecio la conducta de Lorenzo. El asunto no tardó en llegar a oídos de Lady Isabella.Su abuela era despiadada. En cuanto se enteró, ordenó que castigaran de inmediato a Lorenzo con veinte latigazos. Me contaron que lo azotaron hasta dejarlo inconsciente.Y, para colmo, sin esperar siquiera a que sus heridas cicatrizaran, lo obligó a arrodillarse en el salón de los antepasados.Todos sabían que siempre había mimado a su nieto y que jamás le d
Read more