Kael, que solía encerrarse en su despacho casi todas las noches, se paseaba ahora por el salón sosteniendo un vaso de whisky que apenas había probado. De vez en cuando, su mirada se desviaba hacia las escaleras mientras esperaba a que Lyra bajara a la cocina a preparar el biberón de Theo. Pero Lyra, por lo visto, había aprendido la lección. Ya no bajaba durante las horas en que Kael andaba merodeando por la casa. Le había dejado todo lo necesario a Theo con antelación en el cuarto del bebé, que ahora estaba cerrado a cal y canto por dentro. Hasta que, finalmente... Toc, toc, toc. Unos golpes secos resonaron al otro lado de la puerta. Lyra la entreabrió apenas un palmo. Kael aguardaba al otro lado. Su mirada parecía más oscura de lo habitual, no se sabía si por el whisky que le corría por las venas o porque su orgullo herido aún no había empezado a cicatrizar. —¿Desea algo, señor Kael? Theo ya está dormido. Kael no respondió. En su lugar, apoyó la palma de la mano con firmeza co
Última actualización : 2026-08-13 Leer más