El temblor en mis manos no se quita. Estoy sentada en el borde de la cama, con la espalda rígida y los ojos fijos en la alfombra. El olor a sangre del bosque se me quedó pegado en la nariz. Astro está echado a mis pies, gimiendo bajo, compartiendo la tensión que me aprieta el pecho. El embarazo me pesa de una forma distinta ahora; el calor en mi vientre sigue ahí, recordándome que lo que llevo dentro es el objetivo de una cacería.La puerta se abre. Thomas entra. Ya se cambió de ropa, lleva una playera negra limpia, pero su rostro sigue siendo una maldita pared de piedra. Se detiene frente a mí. Su tamaño bloquea la luz de la lámpara.—¿Cómo estás? —me pregunta. Su voz es un zumbido ronco. Directo. Sin rodeos.Levanto la cabeza. Lo miro a los ojos.—Asustada —le confieso, y la verdad me sale seca de la garganta—. Esos lobos no iban por ti, Thomas. Iban por mí. Salté ese tronco porque mi cuerpo reaccionó solo, pero si tu no llegas, me destazan en el suelo.Thomas se agacha, quedando a
Última actualización : 2026-07-24 Leer más