—Tu cuerpo… es perfecto —susurró, mirándolo con abierta admiración.—Entonces tócalo —murmuró él, con una sonrisa jugando en los labios—. Ya lo haces bastante a menudo.—Lo tocaría aunque no me lo dijeras. —Aplanó las palmas contra su pecho, acariciando la piel cálida y el músculo duro. Sus dedos bajaron, rozando un pezón tenso… y Helios soltó una maldición fuerte y aguda.Ella se echó atrás, sobresaltada.—¿Qué? ¿Te hice daño? —Buscó su rostro, de pronto preocupada—. ¿Te hice daño?Él no respondió con palabras, pero ella vio la tensión en su mandíbula —apretada, moviéndose rápido— y el fuego bailando caliente y salvaje en sus ojos.—¿Helios? Di algo. Lo siento… tú me haces lo mismo, ¿no? Me pellizcas y me provocas y juegas conmigo…—No estoy enfadado —dijo él, con la voz áspera y oscura—. Estoy increíblemente, locamente excitado.La mandíbula de ella cayó.—¿L-lo estás?Él no dijo nada más. So
Última actualización : 2026-09-04 Leer más